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El beduino enamorado

Un joven beduino, vagando en el desierto, vino a parar cerca de un pozo junto al cual se encontraba para sacar agua una muchacha guapa como la luna llena. El joven beduino se le acercó y le dijo:

— ¡Estoy perdidamente enamorado de ti!

La joven le responde:

— Cerca de la fuente hay otra muchacha tan guapa que yo no soy digna de ser su sierva.

El joven beduino giró enseguida la cabeza y se puso a buscarla: No había nadie.

Entonces la muchacha exclamó:

— ¡Qué hermosa es la sinceridad y qué fea es la mentira! Dices amarme y basta que yo te hable de otra mujer para hacerte girar la cabeza y buscarla desesperadamente.

Ahmed Ibn Mohammed, siglo X

El grano de arena

Dios estaba fabricando el mundo. Después de los astros, la tierra, el mar, fabricó también a las personas. Eran bellas criaturas, con los ojos espléndidos, pero sin alma.

— Es necesaria el alma, sugirió el arcángel que lo ayudaba.

— Cierto, dijo Dios. Ahora la hacemos.

Y se puso a preparar las almas. Estaba contento, trabajaba con entusiasmo. Amasó rayos de sol con perfume de jardines, zafiros de montaña con susurro de olas marinas… y las almas salían del laboratorio todas adornadas y brillantes. Entonces el Padre bajó a la tierra y distribuyó un alma a cada persona.

Pero como aquel día llovía, algún alma llegó a destino un poco deteriorada. Y un día una persona -una de aquellas que había recibido un alma algo estropeada-tuvo el impulso de decir una mentira, una mentira de nada, así de pequeña; pero era el primer hilo de la inmensa red de los engaños.

Dios, que lo sabe todo, se dio cuenta. Reunió a sus hijos de la Tierra y les dijo que no se debe mentir.

— Por cada mentira que digáis, arrojaré sobre la Tierra un granito de arena.

Los hombres no hicieron caso. En aquel tiempo no había arena sobre la Tierra; y con todo aquel verde, ¿qué importancia podía tener un granito de arena? Así fue como, después de la primera mentira vino la segunda, y tras ésta la tercera y la cuarta… La lealtad iba desapareciendo, el fraude y el engaño invadían el mundo.

Dios por cada mentira arrojaba un granito de arena; pero a un cierto punto, ya no pudo más, y tuvo que ser ayudado por un ejército de ángeles y de arcángeles.

Cayeron del cielo torrentes de arena, y la Tierra, el bello jardín florido, empezó a ajarse. Vastas zonas terrestres se cubrieron de arena: era el desierto. Sólo aquí y allá, donde todavía vivía alguna buena persona, quedaron raros oasis. Pero como la calamidad continúa difundiéndose, no está excluido que un día, por culpa de las mentiras, la Tierra se convierta toda en un inmenso desierto…

Mito árabe

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El león, el zorro y el ciervo

El León, enfermo en una cueva, dijo al Zorro, su amigo predilecto:

— Si quieres que yo cure, si mi vida te importa, anda en busca del Ciervo que vive en el bosque, y, halagándolo con palabras melosas, tráelo aquí entre mis garras, que yo me muero de las ganas de comer sus vísceras y su corazón.

El Zorro obedeció y encontró al Ciervo que saltaba gozoso en el bosque:

— Traigo buenas noticias, le dice. El León, nuestro Rey, está enfermo, próximo a morir. Ha pensado qué animal podría sucederle en el reino, y ha dicho: el Jabalí es un necio, el Oso un tonto, el Tigre un fanfarrón. Sólo el Ciervo es digno de tomar mi puesto, por su aspecto imponente. En pocas palabras: el Rey serás tú. Ven pronto, y estate cerca, hasta que haya muerto.

Todo hinchado de orgullo, e ignorante de lo que le esperaba, el Ciervo se fue hasta la cueva real.

Apenas lo tuvo a un tiro de piedra, el León se le fue encima; pero le rasgó solamente una oreja, y el Ciervo huyó veloz al bosque.
Rabioso y hambriento, el León se dirige de nuevo al Zorro:

— ¡Encuentra una nueva astucia, y tráemelo aquí!, le ordenó.
El Zorro corrió detrás de las huellas ensangrentadas del Ciervo. Lo encontró tomando aliento, y se lo puso delante con descaro. El Ciervo fue preso de un ímpetu de cólera:

— Maldito canalla, le dijo, no me tentarás más. Si te acercas, te mato de un porrazo. Anda, anda a raposear a quien no te conoce; anda a calentar a otro la cabeza y a darle el reino a otro animal.
Pero el Zorro responde:

— ¿Así tan tímido y vil eres? ¿Verdaderamente? ¿Tú? ¿Qué te ha hecho el León? Te ha cogido por la oreja porque quería darte instrucciones, como quien está para morir, sobre tu próximo cargo. ¡Y tú no soportas siquiera el rasguño de una pata debilitada!... Y ahora el León, más rabioso que tú, se propone elegir Rey al Lobo… ¿Entiendes? El Lobo… No, ven, ven, y no temas nada. Juro que el León no te hará ningún daño. Yo no quiero otro soberano que el Ciervo.

Así caído una vez más en la trampa, regresó a la cueva del León. Y el León tuvo su comida: huesos, médula, vísceras, todo devoró ávidamente. El Zorro estaba mirando. Se dio cuenta de que el corazón había resbalado en el suelo, lo agarró a escondidas y se lo comió, como remuneración por sus buenos servicios.

Esopo

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El contrabandista




Todos sabían que era indiscutiblemente un contrabandista. Era incluso célebre por ello. Pero nadie había logrado jamás descubrirlo y mucho menos demostrarlo. Con frecuencia, cruzaba de la India a Pakistán a lomos de su burro, y los guardias, aun sospechando que contrabandeaba, no lograban obtener ninguna prueba de ello.
Transcurrieron los años y el contrabandista, ya entrado en edad, se retiró a vivir apaciblemente a un pueblo de la India. Un día, uno de los guardias que acertó a pasar por allí se lo encontró y le dijo:
-Yo he dejado de ser guardia y tú de ser contrabandista. Quiero pedirte un favor. Dime ahora, amigo, qué contrabandeabas.
Y el hombre repuso:
-Burros.
Así es el ser humano, en tanto no ha purificado su discernimiento, no logra ver la realidad.

Cuentos de la India

Fuente: http://planetacuentos.wordpress.com/2008/09/30/%C2%A1quiero-aire/

Mi hijo está conmigo




Era un hombre que tenía un hijo al que amaba profundamente. Por algún motivo se vio obligado a viajar y tuvo que dejar a su hijo en casa. El niño tenía ocho años y su padre sólo vivía para él. Habiéndose enterado de la partida del dueño de la casa, unos bandoleros aprovecharon su ausencia para entrar en ella y robar todo lo que contenía. Descubrieron al jovencito y se lo llevaron con ellos, no sin antes incendiar la casa.
Pasaron unos días. El hombre regresó a su hogar y se encontró con la casa derruida por el incendio.
Alarmado, buscó entre los restos calcinados y halló unos huesecillos, que dedujo eran los del cuerpo abrasado de su amado hijo. Con ternura infinita, los introdujo en un saquito que se colgó al cuello, junto al pecho, convencido de que aquéllos eran los restos de su hijo. Unos días más tarde, el niño logró escapar de los perversos bandoleros y, tras poder averiguar dónde estaba la nueva casa de su padre, corrió hasta ella e insistentemente llamó a la puerta.
¿Quién es? -preguntó el padre.
Soy tu hijo -contestó el niño.
No, no puedes ser mi hijo -repuso el hombre, abrazándose al saquito que colgaba de su cuello-. Mi hijo ha muerto.
No, padre, soy tu hijo. Conseguí escapar de los bandoleros.
Vete, ¿me oyes? Vete y no me molestes -ordenó el hombre, sin abrir la puerta y aprisionando el saquito de huesos contra su pecho. Mi hijo está conmigo.
Padre, escúchame; soy yo.
¡He dicho que te vayas! -replicó el hombre-. Mi hijo murió y está conmigo. ¡Vete! Y no dejaba de abrazar el saquito de huesos.
Moraleja: El apego, ¿te deja ver?, ¿te deja oír?, ¿te deja comprender? El apego te aferra a lo irreal e ilusorio y cierra tus oídos a lo Real y Trascendente.

Anónimo hindú

Fuente: http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/otras/anon/india/mihijo.htm

Las cinco bolas



En un discurso a los graduados en una universidad, hace varios años, el ex CEO de Coca Cola, Brian Dyson, habló sobre la relación entre el trabajo y otros compromisos.

-Imaginen la idea como un juego en el que ustedes hacen malabarismos con cinco bolas que arrojan al aire.

-Son : EL TRABAJO, LA FAMILIA ,LA SALUD, LOS AMIGOS Y EL ESPÍRITU.

Pronto se darán cuenta de que EL TRABAJO es una bola de goma. Si se cae, rebota. Pero las otras cuatro bolas: FAMILIA, SALUD, AMIGOS y ESPÍRITU son de vidrio. Si dejan caer una de esas, van a quedar irrevocablemente dañadas, rayadas, rajadas o rotas. Nunca volverán a ser las mismas.

-Compréndalo y busquen el equilibrio en la vida. ¿ Cómo...?

-No disminuyan su propio valor comparándose con otros. Es porque somos todos diferentes que cada uno de nosotros es especial.

-No fijen sus objetivos en razón de lo que otros consideran importante. Solo ustedes están en condiciones de elegir lo que es mejor para ustedes.

-No den por supuesto las cosas más queridas por su corazón. Apéguense a ellas como a la vida misma , porque sin ellas la vida carece de sentido.

-No dejen que la vida se les escurra entre los dedos por vivir en el pasado o para el futuro. Si viven un día a la vez, vivirán TODOS los días de su vida.

-No abandonen cuando son capaces de un esfuerzo más. Nada termina hasta que uno deja de intentar.

-No teman admitir que no son perfectos. Ese es el frágil hilo que nos mantiene unidos.

-No teman enfrentar riesgos. Es corriendo riesgos que aprendemos a ser valientes.

-No excluyan de su vida al amor diciendo que no se lo puede encontrar.

-La mejor forma de recibir amor es darlo; la forma más rápida de quedarse sin amor es aferrarlo demasiado; y la mejor forma de mantener el amor es darle alas.

-No corran tanto por la vida, que lleguen a olvidar no sólo donde han estado sino también adonde van.

-No olviden que la mayor necesidad emocional de una persona es la de sentirse apreciado.

-No teman aprender. El conocimiento es liviano, es un tesoro que se lleva fácilmente.

-No usen imprudentemente el tiempo o las palabras. No se pueden recuperar.

-La vida no es una carrera, sino un viaje que debe ser disfrutado a cada paso.

El Ayer es historia, el Mañana un misterio y el Hoy es un regalo:
por eso se lo llama "el presente".

Fuente: http://www.inteligencia-emocional.org/casos/compromiso.htm

El ego




Un científico descubrió el arte de reproducirse a sí mismo tan perfectamente que resultaba imposible distinguir el original de la reproducción.

Un día se enteró de que andaba buscándole el Ángel de la Muerte, y entonces hizo doce copias de sí mismo.

El Ángel no sabía cómo averiguar cuál de los trece ejemplares que tenía ante sí era el científico, de modo que los dejó a todos en paz y regresó al cielo.

Pero no por mucho tiempo, porque, como era un experto en la naturaleza humana, se le ocurrió una ingeniosa estratagema.

Regresó de nuevo y dijo: "Debe de ser usted un genio, señor, para haber logrado tan perfectas reproducciones de sí mismo, sin embargo, he descubierto que su obra tiene un defecto, un único y minúsculo defecto".

El científico pegó un salto y gritó: "¡Imposible! ¿Dónde está el defecto?".

"Justamente aquí", respondió el Ángel mientras tomaba al científico de entre sus reproducciones y se lo llevaba consigo. "Todo lo que hace falta para descubrir al "ego" es una palabra de adulación o de crítica".

Autor Desconocido

Fuente: http://www.mensajespositivos.net/reflexiones/humildad.html

En busca de la pareja perfecta



Érase una vez una muchacha de nombre Nadia, cuya belleza atraía a todos los que la conocían. A pesar de ello, Nadia se sentía muy sola. Tras la alegría del primer encuentro con sus pretendientes, les encontraba defectos. Entonces, sentía que su amor se marchitaba y seguía anhelando su ideal de pareja perfecta.

Un día, Nadia oyó hablar de un sabio que a todos conmovía con sus palabras. Aquella noche, decidió consultarle su problema.

"Tal vez -se decía- me pondrá en el camino de ese hombre ideal que sueño".

A la mañana siguiente, llegó hasta él y, tras exponerle su mala suerte, le dijo:

- Necesito hallar la pareja perfecta. ¿Qué podéis decirme? Una persona como usted, sin duda, habrá encontrado la pareja perfecta.-

Aquel anciano, mirando a Nadia con brillo intenso en sus ojos, le dijo:

- Pasé mi juventud buscando a la mujer perfecta. En Egipto, encontré a una mujer bella e inteligente, pero era muy inconstante y egoísta. En Persia, conocí a una mujer que tenía un alma buena y generosa, pero no teníamos aficiones en común… Y así una mujer tras otra. Al principio, me parecía haber logrado "el gran encuentro", pero, pasado un tiempo, descubría que faltaba algo que mi alma anhelaba. Fueron transcurriendo los años hasta que de pronto, un día…- dijo el anciano haciendo una emocionada pausa, -la vi, resplandeciente y bella. ¡Allí estaba la mujer que yo había buscado toda mi vida!-

-¿Y qué pasó? ¿Te casaste con ella?- replicó entusiasmada la joven Nadia.

- Al final… la unión no pudo llevarse a cabo.

-¿Por qué?, ¿por qué?-

- Porque al parecer– le dijo el anciano con un gran brillo en sus ojos, -ella buscaba la pareja perfecta…-

De cuentos para aprender a aprender (Gaia), de J.M.Doria.

Las tres rejas



El joven discípulo de un filósofo sabio llega a casa y le dice:

- Maestro, un amigo estuvo hablando de ti con malevolencia...

- ¡Espera!- lo interrumpe el filósofo - ¿Hiciste pasar por las tres rejas lo que vas a contarme?

- ¿Las tres rejas? -preguntó su discípulo-

- Sí. La primera es la verdad. ¿Estás seguro que lo que quieres decirme es absolutamente cierto?

- No. Lo oí comentar a unos vecinos...

- Al menos lo habrás hecho pasar por la segunda reja, que es la bondad... Eso que deseas decirme, ¿es bueno para alguien?

- No, en realidad, no. Al contrario...

- ¡Ah, vaya!... La última reja es la necesidad. ¿Es necesario hacerme saber eso que tanto te inquieta?

- A decir verdad, no.

- Entonces. -dijo el sabio sonriendo- si no es verdad, ni bueno, ni necesario, sepultémoslo en el olvido.

¡¡¡Cuánto más sanas estarían las relaciones humanas, si todos hiciéramos pasar por las tres rejas aquellas cosas de las que nos hacemos eco!!!

Autor. Anónimo

Fuente:http://ca.geocities.com/el_rincon_de_nora/Reflexiones/anonimo_las_tres_rejas.htm

El bigote del tigre (Leyenda coreana)



Una mujer joven llamada Yun Ok fue un día a la casa de un ermitaño de la montaña en busca de ayuda.

El ermitaño era un sabio de gran renombre, hacedor de ensalmos y pociones mágicas.

Cuando Yun Ok entro en su casa , el ermitaño , sin levantar los ojos de la chimenea que estaba mirando dijo:

-Por que viniste?

Yun Ok respondió:

-OH, Sabio Famoso, ¡estoy desesperada! ‘Hazme una poción!

- Si, si ,’hazme una poción! ¡Todos necesitan pociones! ¿Podemos curar un mundo enfermo con una poción?

-Maestro – insistió Yun Ok-, sin no me ayudas , estaré verdaderamente perdida.

-Bueno, ¿cuál es tu problema? – dijo el ermitaño, resignado por fin a escucharla.

-Se trata de mi marido – comenzó Yun Ok - . Tengo un gran amor por él. Durante los últimos tres años ha estado peleando en la guerra. Ahora ha vuelto, casi no me habla, a mi ni a nadie. Si yo hablo, no parece oír. Cuando habla, lo hace con aspereza. Si le sirvo comida que no le gusta, le da un manotazo y se va enojado de la habitación. A veces, cuando debería estar trabajando en el campo de arroz, lo veo sentado ociosamente en la cima de la montaña, mirando hacia la mar.

- Si así ocurre a veces cuando los jóvenes vuelven a su casa después de la guerra –Dijo el ermitaño-, Prosigue.

- No hay nada mas que decir, Ilustrado. Quiero una poción para darle a mi marido, así se vuelve cariñoso y amable como era antes.

- ¡Ja! Tan simple ¿no? -replicó el ermitaño-. ¡Una Poción!

-Muy bien, vuelve en tres días y te diré que nos hará falta para esa poción.

Tres días más tarde, Yun Ok volvió a la casa del sabio de la montaña.

-Lo he pensado -le dijo-. Puedo hacer tu poción. Pero el ingrediente principal es el bigote de un tigre vivo. Tráeme tu bigote y te daré lo que necesitas.-

-¡El bigote de un tigre vivo!, exclamó Yun Ok-. ¿Cómo haré para conseguirlo?

-Si esa poción es tan importante, obtendrás éxito –dijo el ermitaño.

Y apartó la cabeza, sin más deseos de hablar.

Yun Ok se marchó a su casa. Pensó mucho en como conseguiría el bigote del tigre. Hasta que una noche, cuando su marido estaba dormido, salió de su casa con un recipiente con arroz y salsa de carne en la mano. Fue al lugar de la montaña donde sabía que vivía el tigre.

Manteniéndose alejada de su cueva, extendió el recipiente de comida, llamando al tigre para que viniera a comer.

El tigre no vino.

A la noche siguiente, Yun Ok volvió a la montaña, esta vez un poco mas cerca de la cueva. De nuevo ofreció al tigre un bol de comida.

Todas las noches Yun Ok volvió a la montaña, acercándose cada vez mas a la cueva, unos pasos mas que la noche anterior. Poco a poco, el tigre se acostumbró a verla allí.

Una noche, Yun Ok se acercó a pocos pasos de la cueva del tigre. Esta vez el animal dio unos pasos hacia ella y se detuvo. Los dos quedaron mirándose bajo la luna. Lo mismo ocurrió a la noche siguiente, y esta vez estaban tan cerca que Yun Ok pudo hablar al tigre con una voz tranquilizadora.

La noche siguiente, después de mirar con cuidado sus ojos de Yun Ok, el tigre comió los alimentos que ella le ofrecía. Después de eso, cuando Yun Ok iba por las noches, encontraba al tigre esperándola en el camino.

Cuando el tigre había comido, Yun Ok podía acariciarle suavemente la cabeza con su mano. Casi seis meses habían pasado desde la noche de su primera visita. Al final, una noche después de acariciar la cabeza del animal, Yun Ok dijo:

-“OH, tigre, animal generoso, es preciso que tenga uno de tus bigotes. ¡No te enojes conmigo!” Y le arrancó uno de los bigotes.

El tigre no se enojó, como ella temía. Yun Ok bajó por el camino, no caminando sino corriendo, con el bigote aferrado fuertemente en la mano.

A la mañana siguiente, cuando el sol asomaba desde el mar, ya estaba en la casa del ermitaño de la montaña.

-¡OH, Sabio! –gritó-. ¡Lo tengo! ¡ Tengo el bigote del tigre!

Ahora puedes hacer la poción que me prometiste para que mi marido vuelva a ser cariñoso y amable.

El ermitaño tomó el bigote y lo examinó. Satisfecho, pues realmente era de tigre, se inclinó hacia delante y lo dejó caer en el fuego que ardía en su chimenea,

- ¡OH, Señor! –gritó la joven mujer, angustiada- ¡Que hiciste con el bigote!

- Dime como lo conseguiste, - dijo el ermitaño-

- Bueno, fui a la montaña todas las noches con un bol de comida.

Al principio me mantuve lejos, y me fui acercando poco cada vez, ganando confianza del tigre. Le hable con voz cariñosa y tranquilizadora para hacerle entender que sólo deseaba su bien.

Fui paciente. Todas las noches le llevaba comida, sabiendo que no comería. Pero no cedí. Fui una y otra vez.

Nunca le hablé con aspereza. Nunca le hice reproches. Y por fin, una noche dio unos pasos hacia mí.

Llegó el momento en que me esperaba en el camino y comía del bol que yo llevaba en las manos. Le acariciaba la cabeza y él hacía sonidos de alegría con su garganta.

Solo después de eso le saque el bigote.

-Si, si – dijo el ermitaño-, domaste al tigre y te ganaste su confianza y su amor.

-Pero tu arrojaste el bigote al fuego –exclamó Yun Ok llorando-.

¡Todo fue para nada!

-No no me parece que todo haya sido para nada –repuso el ermitaño- Ya no hace falta el bigote. Yun Ok, déjame que te pregunte algo: ¿Es acaso un hombre mas cruel que un tigre? ¿Responde menos al cariño y la comprensión?

Si puedes ganar con cariño y paciencia, el amor y la confianza de un animal salvaje y sediento de sangre, sin duda puedes hacer lo mismo con tu marido.

Al oír esto, Yun Ok permaneció muda unos momentos. Luego avanzó por el camino reflexionando sobre la verdad que había aprendido en casa del ermitaño de la montaña, y corrió presurosa dispuesta a recuperar el tiempo perdido

Fuente: http://ar.geocities.com/eduhistorias/Historias/elbigote/elbigote.html

¿Buena suerte? ¿Mala suerte?



Una historia china habla de un anciano labrador que tenía un viejo caballo para cultivar sus campos. Un día, el caballo se escapó a las montañas. Cuando los vecinos del anciano labrador se acercaban para condolerse de él y lamentar su desgracia, el labrador les replicó:
"¿Buena suerte?, ¿Mala suerte?, ¿quién sabe?".

Una semana después, el caballo volvió de las montañas trayendo consigo una manada de caballos salvajes. Entonces los vecinos felicitaron al labrador. Este les respondió:
"¿Buena suerte?, ¿Mala suerte?, ¿Quién sabe?".

Cuando el hijo del labrador intentó domar uno de esos caballos salvajes, cayó y se rompió una pierna. Todo el mundo consideró el hecho como una desgracia, no así el labrador quien se limitó a decir:
"¿Buena suerte? ¿Mala suerte? ¿Quién sabe?".

Unas semanas más tarde, el ejército entró al poblado y fueron reclutados todos los jóvenes que se encontraban en buenas condiciones. Cuando vieron al hijo del labrador con la pierna rota, lo dejaron tranquilo.
¿Buena suerte? ¿Mala suerte? ¿Quién sabe?.

Todo lo que a primera vista parece un contratiempo puede ser un disfraz del bien. Y lo que parece bueno a primera vista puede ser realmente dañino. Así pues, será postura sabia que dejemos a Dios decidir lo que es buena suerte y mala suerte y le agradezcamos por todas las cosas que se conviertan en bien.

Autor: Anónimo
Fuente: http://www.motivaciones.org/ctosebuenamalasuerte.htm

La historia de un jóven con mal carácter




Su padre le dió una bolsa de clavos y le dijo que cada vez que perdiera la paciencia, debería clavar un clavo detrás de la puerta.
El primer día, el muchacho clavó 37 clavos detrás de la puerta.
Las semanas que siguieron, a medida que él aprendió a controlar su genio, clavaba cada vez menos clavos detrás de la puerta.
Descubrió que era más fácil controlar su genio que clavar clavos detrás de la puerta.
Llegó el día en que pudo controlar su carácter durante todo el día.
Después de informar a su padre, este le sugirió que retirara un clavo cada día que lograra controlar su carácter.
Los días pasaron y el jóven pudo finalmente anunciar a su padre que no quedaban más clavos para retirar de la puerta.
Su padre lo tomó de la mano y lo llevó hasta la puerta.
Le dijo "has trabajado duro, hijo mío, pero mira todos esos hoyos en la puerta. Nunca más será la misma.
Cada vez que tú pierdes la paciencia, dejas cicatrices exactamente como las que aquí ves."
Tú puedes insultar a alguien y retirar lo dicho, pero el modo como se lo digas lo desbastará, y la cicatriz perdurará para siempre.
Una ofensa verbal es tan dañina como una física. Los amigos son joyas preciosas.
Nos hacen reír y nos animan a seguir adelante. Nos escuchan con atención y siempre están prestos a abrirnos su corazón.
LOS AMIGOS SON JOYAS PRECIOSAS !!

Autor desconocido

Fuente: http://www.corazones.org/articulos/anecdotas/clavos_delmalcaracter.htm

El anciano y el niño

Eran un anciano y un niño que viajaban con un burro de pueblo en pueblo.

Llegaron a una aldea caminando junto al asno y, al pasar por ella, un grupo de mozalbetes se rió de ellos, gritando:

— ¡Mirad que par de tontos! Tienen un burro y, en lugar de montarlo, van los dos andando a su lado. Por lo menos, el viejo podría subirse al burro.

Entonces el anciano se subió al burro y prosiguieron la marcha. Llegaron a otro pueblo y, al pasar por el mismo, algunas personas se llenaron de indignación cuando vieron al viejo sobre el burro y al niño caminando al lado. Dijeron:

— ¡Parece mentira! ¡Qué desfachatez! El viejo sentado en el burro y pobre niño caminando.

Al salir del pueblo, el anciano y el niño intercambiaron sus puestos.

Siguieron haciendo camino hasta llegar a otra aldea. Cuando las gentes los vieron, exclamaron escandalizados:

— ¡Esto es verdaderamente intolerable! ¿Habéis visto algo semejante?

El muchacho montado en el burro y el pobre anciano caminando a su lado.

— ¡Qué vergüenza!

Puestas así las cosas, el viejo y el niño compartieron el burro. El fiel jumento llevaba ahora el cuerpo de ambos sobre sus lomos. Cruzaron junto a un grupo de campesinos y éstos comenzaron a vociferar:

— ¡Sinvergüenzas! ¿Es que no tenéis corazón? ¡Vais a reventar al pobre animal!

El anciano y el niño optaron por cargar al burro sobre sus hombros. De este modo llegaron al siguiente pueblo. La gente se apiñó alrededor de ellos. Entre las carcajadas, los pueblerinos se mofaban gritando:

— Nunca hemos visto gente tan boba. Tienen un burro y, en lugar de montarse sobre él, lo llevan a cuestas. ¡Esto sí que es bueno! ¡Qué par de tontos!

De repente, el burro se revolvió, se precipitó en un barranco y murió.

* Moraleja: Si escuchas las opiniones de los demás, acabaras muerto como este burro. Cierra los oídos a la opinión ajena. Que aquello que los demás censuran te sea indiferente. Escucha únicamente la voz de tu corazón y no te pierdas en opiniones ajenas.

Fuente: http://www.la-arania.com/Cuentos/Elanciano.htm

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El espejo



Había una vez en Japón, hace muchos siglos, una pareja de esposos que tenía una niña. El hombre era un samurai, es decir, un caballero: no era rico y vivía del cultivo de un pequeño terreno. La esposa era una mujer modesta, tímida y silenciosa que cuando se encontraba entre extraños, no deseaba otra cosa que pasar inadvertida.

Un día es elegido un nuevo rey. El marido, como caballero que era, tuvo que ir a la capital para rendir homenaje al nuevo soberano. Su ausencia fue por poco tiempo: el buen hombre no veía la hora de dejar el esplendor de la Corte para regresar a su casa.

A la niña le llevó de regalo una muñeca, y a la mujer un espejo de bronce plateado (en aquellos tiempos los espejos eran de metal brillante, no de cristal como los nuestros). La mujer miró el espejo con gran maravilla: no los había visto nunca. Nadie jamás había llevado uno a aquel pueblo. Lo miró y, percibiendo reflejado el rostro sonriente, preguntó al marido con ingenuo estupor:

— ¿Quién es esta mujer?

El marido se puso a reír:

— ¡Pero cómo! ¿No te das cuenta de que este es tu rostro?

Un poco avergonzada de su propia ignorancia, la mujer no hizo otras preguntas, y guardó el espejo, considerándolo un objeto misterioso. Había entendido sólo una cosa: que aparecía su propia imagen.

Por muchos años, lo tuvo siempre escondido. Era un regalo de amor; y los regalos de amor son sagrados.

Su salud era delicada; frágil como una flor. Por este motivo la esposa desmejoró pronto: cuando se sintió próxima al final, tomó el espejo y se lo dio a su hija, diciéndole:

— Cuando no esté más sobre esta tierra, mira mañana y tarde en este espejo, y me verás. Después expiró. Y desde aquel día, mañana y tarde, la muchacha miraba el pequeño espejo.

Ingenua como la madre, a la cual se parecía tanto, no dudó jamás que el rostro reflejado en la chapa reluciente no fuese el de su madre. Hablaba a la adorada imagen, convencida de ser escuchada.

Un día el padre la sorprende mientras murmuraba al espejo palabras de ternura.

— ¿Qué haces, querida hija?, le pregunta.

— Miro a mamá. Fíjate: No se le ve pálida y cansada como cuando estaba enferma: parece más joven y sonriente.

Conmovido y enternecido el padre, sin quitar a su hija la ilusión, le dijo:

— Tú la encuentras en el espejo, como yo la hallo en ti.

Leyenda japonesa

Fuente: http://blogs.diariovasco.com/index.php/cuentameuncuento?cat=1472

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El cuervo y el Zorro

Un cuervo sostenía un queso en el pico. Un zorro notó el olor, y se dirigió al cuervo: ¿Qué veo?, le dijo con aire sorprendido, me habían dicho que vuestras plumas eran negras, pero veo ahora que ni las de un cisne son más blancas. Por favor, señor cuervo, permitidme que os contemple a mis anchas. Os encuentro tan hermoso que no me canso de admiraros. Y añadió: Pero estoy convencido de que la belleza no es vuestra única perfección. La naturaleza, que se ha complacido en haceros la más hermosa de las aves, seguro que también os ha dado una voz divina.El cuervo, encantado ante aquellos elogios, quiso demostrarle al raposo que no se engañaba, y abrió el pico para cantar. Pero, al abrirlo, se le cayó el queso, y el zorro, cogiéndolo, se fue y dejó al cuervo con las ganas.

Moraleja:

Quien oye aduladores, nunca espere otro premio.

Esopo


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